La tatuada entra y va directo a lo suyo. Le baja el pantalón al pata, saca la pito y se la mete a la boca hasta el fondo. Lo mira fijo mientras la trabaja, sin apuro, con la mano acompañando cada vez que sube.
Después se sube encima y cabalga como si el sillón fuera de ella. El cuerpo lo tiene marcado del gimnasio, y cada vez que se arquea se le nota el trabajo. En un momento paran, ella toma agua de la botella que estaba en el piso y siguen desde donde lo dejaron.
Un aire distinto al de las peruanas xxx de siempre: la escena corta con ella echada en el sillón, sudada, acomodándose el pelo y con la botella todavía en la mano.
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