No le alcanzaba para cerrar el mes y el pata le puso una propuesta directa. Ella lo pensó dos segundos, no más, aceptó con media sonrisa y esa misma tarde ya estaban en su cuarto.
La pieza tiene la ropa regada sobre una silla y un par de cosas encima de los muebles, nada preparado. Ella llega con la lencería puesta y no tarda en quedarse casi en nada. Así quedan las mujeres peruanas cuando algo nuevo les llama la atención: sin drama y al toque.
Le mama la pichula un buen rato, después él la recuesta en la cama y se la mete despacio. Atrás se ve a otra persona que no se mete en nada, solo mira. Cuando paran, ella se ríe, se levanta a buscar su ropa y ni se despide.
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