En Callao, la ciudad más erótica del Perú, donde el calor es palpable y la sensualidad flota en el aire, se vive un estilo de vida que envuelve al ser humano en una red de deseos y pasiones incontrolables. Allí, en las calles empedradas de esta localidad costeña, los sentidos se despiertan y la carne tiembla ante la sola idea del contacto con el otro.
En el baño, una mujer desnuda nos muestra su verdadera cara, no necesariamente la que presenta al mundo exterior. Es perra, es puta, es un ser humano que ha desprendido de sus inseguridades y se entrega a la satisfacción de sus instintos más básicos. La cámara captura con nitidez cada curva, cada contorno, cada centímetro de su piel suave y tersa, preparada para recibir el amor de un pene ansioso por penetrar en su vagina, aquel templo sagrado donde se consuma la pasión.
La satisfacción del sexo oral es otro de los placeres que nos regala esta ciudad. Un chimbo experto puede hacer estallar el orgasmo, y no solo en ella, sino también en él, en ese momento preciso en que se produce el clímax. Allí, en el baño, se consuma un acto de amor sin límites, sin pudor, sin temores a la opinión ajena.
Y cuando todo ha terminado, y el sexo se convierte en recuerdo, lo único que queda es el deseo de volver a experimentar ese placer, ese éxtasis que solo se logra follando, chupando o besando. En Callao, no hay lugar para la vergüenza ni el remordimiento; solo el sexo, en todas sus formas y manifestaciones, es la reina indiscutible de esta ciudad. Y si no te has acostado con alguien en un baño, ¿qué estás esperando? ¡Vamos a chupar y a follar, y dejar que el sexo nos conquiste!

