Están en la sala, en ese mueble con estampado que todos tienen en casa, y él sostiene el celular con una mano nada más. Ella se inclina sin que se lo pidan dos veces y se mete la pichula a la boca con una soltura que delata que ya sabe lo que hace. Ni una muestra de pena.
Lo chupa mirando a la cámara de vez en cuando, como sabiendo que después lo van a ver. Lo suelta un momento, se pasa la lengua por los labios y vuelve a bajar. En algún momento se le escapa una risa y él le dice algo en voz baja. Del estilo porno peruano gratis que circula en grupos, grabado con lo que había a mano.
Ella acelera al final hasta que él da el aviso, se echa a un costado y recibe todo en la cara sin cerrar los ojos. Se limpia con el dorso de la mano, se sienta en el piso y le pide ver lo que grabó. Ahí termina todo, con los dos pegados a la pantalla del celular.
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