La trujillana tiene un cuerpo que no se discute. Entra al cuarto y al toque el pata ya sabe qué hacer. La acuesta en la cama y se la mete sin muchos preámbulos, despacio al inicio.
Chicas de trujillo así salen bien caseras, sin pose ni producción. Él la coge lento al principio y después apura el paso cuando ella le pide más. Ella se agarra de las sábanas y jadea bajito.
Se nota que la grabaron en su cuarto, con la luz de la calle colándose por la ventana. Paran un segundo cuando ella se acomoda el pelo. La escena corta con él todavía adentro.
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