La morena se tira boca arriba en la camilla y se saca el polo sin hacer drama. El pata del polo rojo le unta aceite en las manos y arranca por los hombros, bajando sin pedir permiso, y ella solo cierra los ojos. El cuarto parece consultorio de barrio: frascos en la mesa, una litera vieja y nada que huela a clínica de verdad.
Cuando le llega al pecho se arrecha al toque y se queda quieta, esperando lo que siga. El que atiende a las peruanas xxx de barrio no pregunta nada, se arremanga y la sigue trabajando entera sobre la camilla. Ella lo guía abajo, gime entre dientes, muerde el labio y levanta la culo cada que puede.
Al final se queda acostada mirando al techo y él se lava las manos en el lavatorio, como si fuera un cliente cualquiera.
También te puede gustar:



