Le hizo un favor a la vecina y la minita no encontró mejor forma de pagarle. Apareció en lencería en plena cocina, con el calzón bajado hasta la mitad, y sin decir mucho lo puso contra la mesa. Ella se agacha y se la come entera, con la dedicación de quien debe un favor grande.
De tanto en tanto se le escapa un jadeo, y sigue. En la cocina no se oye otra cosa, ni una radio ni nada. Un porno peruano casero, sin guion ni poses: ella le trabaja la pichula hasta dejársela brillosa. Él le agarra el pelo un momento y después la suelta, vencido. Al final ella se levanta, se acomoda el calzón y se va a su jato sin explicar nada.
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