Una gordibuena con tatuajes espera acostada en la cama, calcetines puestos todavía, sin ninguna pena del cuerpo que tiene. El pata la acomoda y se mete de golpe, sin empezar lento, y ella responde al toque con la boca: le habla sucio, lo reta, le dice que no baje el ritmo. Nada de eso suena actuado.
Cada vez que él aprieta el ritmo, ella sube la voz y suelta otra frase entre dientes, como si los dos compitieran a ver quién aguanta más. La cama suena desde el primer minuto y las sábanas terminan en el piso a la mitad. En un momento paran, ella se saca el pelo de la cara y siguen igual. Grabado en un cuarto cualquiera, del estilo peruanas cogiendo que no necesita producción.
Para el final ella ya no habla, solo se agarra de las barandas de la cama. Él frena de pronto, callado un momento, y ahí se quedan los dos, con la tele encendida en el otro cuarto.
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