Los gorros de Santa quedaron puestos toda la noche, ni en la cama los sacaron. La flaca se quitó el polo primero y se subió encima del pata despacio, a oscuras, con la puerta del cuarto entreabierta. Nadie planeó nada, fue al toque después de la cena. Ella se acomodó las piernas a los lados y arrancó a su ritmo, agarrándolo de los hombros, sin decir palabra. Gorros, una cama y cero guion. Nadie iba pensando en la cámara cuando salió ese porno peruano gratis de Navidad.
Abajo quedaron los platos sin lavar y la caja de chocolates abierta en la mesa. Ella bajó solo por un vaso de agua y volvió solo con la tanga puesta, trepando de una vez. Las campanitas de la puerta sonaban cada vez que la cama pegaba contra la pared. Al final quedaron los dos tendidos, con los gorros puestos todavía, mirando el techo mientras la tele sonaba bajo en otro canal.
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