Las mujeres peruanas de la calle negocian al toque: una hora de servicio y el pata ya pagó. La flaca se cambia al llegar, se pone la lencería y se sube a la cama sin perder tiempo. Su amiga se queda en la puerta del cuarto, mirando, sin decir si va a entrar o no.
Ella le trabaja el pito de boca hasta que el condón se llena, lo saca con cuidado y se toma la lefa del condón sin despeinarse. Desde la sala llega una cumbia bajita y nadie le pone atención. La otra se ríe desde la puerta y nada más. Después se acomoda el pelo, estira la mano para cobrar el resto y pregunta si quedan ganas de otra hora.
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