La flaca está en su cuarto, sentada en la cama con las piernas abiertas y nada más que el calzones puesto. Se quita el resto de la ropa de a poco, se recuesta en las almohadas y baja la mano hasta la cuca. Al fondo se ve el clóset entreabierto y una lámpara con una luz amarilla que no pega con nada.
Entre tantas peruanas cogiendo que se graban a diario, esta prefirió lo suyo, sola y sin testigos. Se unta los dedos, se los mete despacio y de vez en cuando se muerde el labio. Se acomoda el pelo con la mano libre, cierra los ojos un rato largo y sigue lo suyo, como si nadie la estuviera grabando.
Después queda tendida en la cama, con la respiración agitada, mirando el techo sin decir nada.
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