La flaca llegó con pantimedias y a los cinco minutos ya tenía las chichis afuera. Se arrodilló en la alfombra de la sala, apoyó una mano en el muslo del pata y se la metió a la boca de una vez. Chupaba despacio, mirando para arriba, y de vez en cuando soltaba un hilo de saliva para volver a empezar con más ganas. El pata se quedó un segundo quieto, como midiendo la prisa de esta de las mujeres peruanas con pantimedias.
En la tele sonaba una película doblada que nadie miraba. Ella se limpió la boca con el dorso de la mano, se acomodó el pelo con la otra y volvió al mismo paso, ahora más adentro, aguantando hasta que se le aguaron los ojos. El cojín del sofá quedó pisado de tanto movimiento. Cuando paró para respirar, se quedó ahí, de rodillas, descansando la frente en el muslo de él.
También te puede gustar:





