La rubia entra al cuarto con una tanga negra y nada más. Se acomoda las chichis antes de tirarse a la cama con el pata. No hay mucha charla, los dos ya saben a lo que vinieron.
Le agarra la pichula con las dos manos y la mete a la boca. Cambia de posición un par de veces: primero de costado, después apoyada sobre él. Las sábanas blancas quedan hechas un desorden y a nadie le importa.
Es de esas mujeres peruanas que no necesitan guion para el video. Afuera pasa una moto y el ruido se queda un rato. Ella se limpia la boca con el dorso de la mano, vuelve al asunto y sigue a lo suyo.
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