La flaca tiene unas chichis que se le salen del brasier. Empieza arriba con la pichula en la boca, hasta que se hace un lío con la saliva y tiene que parar un segundo. Se ríe de ella misma y sigue.
Después se pone de a perro en la cama, apoyando los codos en el colchón. El pata la agarra de la cintura y le mete todo de una. Abajo se escucha la puerta de la calle y ninguno de los dos se mueve a revisar.
Es de ese porno peruano casero que no necesita lujo, solo una cámara y ganas. Ella aguanta mordiendo la almohada. Cuando paran, los dos se quedan tirados mirando el techo.
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